Como ya os dije en la entrada anterior, tras la "Mañana de niebla", la tarde de paseo apareció. Decidimos cambiar aves por paisajes; paisajes de dehesa extremeña y monte mediterráneo.
A pesar de la gélida mañana y de ser 3 de enero, los rayos del astro rey calentaban lo suficiente como para dejarnos comer en el campo.
Jero, Jaime, Silvia, Jorge y Asun.
Entre las sierras de Rozallana y Monsalud, hubo hasta hace poco 12 alcornoques centenarios, hoy y debido a las enfermedades y al implacable paso del tiempo sólo quedan 5.
El campo lleno de flores parecía vestido de primavera.
Impresionantes encinas.
Bosque mediterráneo.
Líquenes que le dan al monte mediterráneo un fantasmagórico aspecto.
En estas fotos se puede apreciar el tamaño de los árboles.
Flores en invierno. Vinca alba.
Candelabros naturales.
Cortezas.
Caminos de ensueño.
Arroyo de la Bejarana.
Un apóstol. ¿Cuántas cosas habrán visto estos seres?.
Restos de un apóstol caído.
¡Qué cortos se me hacen algunos viajes largos!. La vuelta a Madrid duró casi 7 horas ya que fuimos parando a observar aves, aves pegadas a la A-5 y que pasan desapercibidas para la mayor parte de usuarios de esta vía. En la salida de Santa Amalia (Badajoz) los arrozales y maizales estaban repletos de grullas, lástima el contraluz tan fuerte y la luz tan dura.
Esta cigüeña tiene el nido pegado al arcén de la autovía. Maravillosa clave de sol dentro de un pentagrama.
Cernícalo vulgar en su atalaya (del falco).
Grullas en la dehesa.
Cuando ya dábamos por concluido el día de observaciones, pegados al carril de aceleración de la autovía vimos al menos una centena de ánsares comunes, una pena no poder parar allí para montar el teles o simplemente para fotografiarlos en condiciones.